Historias de ¿creyentes?

En una de sus canciones Adalberto Álvarez asegura que en Cuba “hay mucha gente que dicen que no creen en ná y van a consultarse por la madrugá”. No discrepo de él; lo apoyo. Como también, hay otros que aseguran Fe inquebrantable pero las circunstancias revelan lo contrario.

La Virgencita hecha pedazos

Lucia llegó sofocada a la casa. Eran las dos de la tarde y la mala noticia le había hecho recorrer como dos kilómetros. Venía con su largo pelo suelto, las mejillas rojizas y los ojos empequeñecidos por la furia.

– ¿Qué me robaron la puerca?, preguntó en el mismísimo portal e inmediatamente corrió para el cuarto. Fue a parar a un rincón, donde tenía una reproducción en yeso de la Virgen de la Caridad del Cobre. La cogió, igual que a un niño desobediente, y mirándola fija la condenó.

– ¡Mira que te he puesto velas, girasoles, kilos (centavos)… mira que te he cuidado y me pagas con esto! ¿Para qué tú estas aquí sino para cuidarnos las cosas?

Salió al patio y con todas las fuerzas que pueda tener una guajira muy bien alimentada hizo volar a la Virgencita por los aires.

Al oscurecer, cuando se disponía a tomar el baño, sintió un uicccc-uicccc inconfundible. Entre la incredulidad y el asombro salió y vio a la cerda en toda su extensión, de más de 200 libras, que envuelta en lodo regresaba de un feliz día campestre.

Entonces, ya entre dos luces, corrió al potrero y como quien recoge los últimos granos de una cosecha imprescindible, buscó cuanto pedacito de la Virgen se hallaba disperso.

– ¡Ay Virgencita  por favor perdóname, no te lo voy a volver a hacer! ¡Te juro que vas a quedar como nueva, nuevecita… hasta en la sala te voy a poner!

Al otro día Lucía andaba por todo el barrio con la Virgen en un bolso a ver quién tenía “pega” para volver a darle la figura original. También tría una sonrisa de oreja a oreja y la historia contada en su propia voz.

El dolor de Chiquito

Yo tendría unos doce años. Mí tío Rodrigo tenía un centro de Espiritismo de Mesa y algunas veces las sesiones las hacían en mi casa. Eran al mediodía y mi mamá me mandaba para el cuarto a dormir.

Muchacho al fin me dedicaba a escuchar para después preguntar; porque eso de los espíritus y los muertos a mí nunca me cupo en la cabeza. Cuando la cosa se ponía “buena” hasta Peluso –el perro- “cogía un muerto”.

Ese día “Chiquito” (Ilder), uno de los médium unidad, entró en trance rapidísimo. Bajó el espíritu de no recuerdo quién a revelar el malestar de uno de los presentes.

– ¡El que tenga un dolor en el pie izquierdo por favor que salga!, decía con un acento de ultra vida.

– ¡Hay alguien aquí que le duele el pie izquierdo!, insistía ante el silencio.

Después de repetir tres o cuatro veces lo mismo y al ver que nadie respondía -y para que el supuesto “muerto” no quedara mal con el auditorio- Chiquito apeló a su voz normal y dijo en tomo muy seco: “ese soy yo”. Y el espíritu  se esfumó.

¡Yo le aseguro que no baja!

No hay nada peor que el alcohol. Mucho más si te pasas de copas para asistir a algo tan serio como una sesión de espiritismos.  Cuenta Sara –una colega de oficio elegante- que en su Veguitas natal un grupo de vecinos esperaban la revelación de un “muerto”.

– “Ya viene Aurora, ya viene Aurora”, decía el que prestaría su alma para la manifestación.

– “Ya está bajando, está bajando…”, dijo, y muy cerca se escuchó la voz de Federico, el fulano que había empinado el codo.

– ¡¿Qué viene?! Oiga esa vieja la enterramos debajo de un aguacero, descalza y le echamos una tonelada de tierra encima. ¡Yo le aseguro que no baja!

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