Inmenso en tu pequeñez

¡Aquí estamos! (…).

Traemos el humo en la mañana.

Y el fuego sobre la noche (…).

Traemos nuestro rasgo al perfil definido de América (…). (N.Guillén)

De tanto buscar casi ni había notado que estabas ahí, en todas partes. Hijo de la tierra de Mackandal, salpicando de esa ineludible magia, a veces exagerada, que te nace de un manantial africano. Ciento dos años de carne y huesos haitianos; viviendo el hoy, ignorando el mañana. Todo risa ¿nada llanto? Con las venas hartas de Cuba: caña, café y monte.

Quien te vio salir de Aux Cayes vestido de Estilma Yilma intuyó que el regreso era incierto. No fuiste el único y eso a los de tu casa les hería: dejar la tierra, aunque aquella era poco fértil, enlutaba. Todos sabían que después del mar… solo quedaba el recuerdo.

Y ahora, el sueño. La isla a descubrir, un nuevo mundo más real y menos maravilloso que el imaginado “Viní a conocel a Cuba”.

Mas, los caminos se torcieron. Trabajo, mucho trabajo, unos pocos quilos en el bolsillo, el día sacándoles el sudor en la piel, el barracón repleto de hermanos, y la noche mordiéndoles el cuello: negro “cubano”, Manuel Chiquito Fiss: Pitti.

Tiene ahora, su mirada de antaño, una mirada la cual se ha desvanecido la vaga amargura de los campos de caña y la tarea medida cada día con la fatiga infinita del cuerpo agotado (…)        (J. Roumain)

La vida de Pitti es una oda a la perseverancia. “Yo viví de tlabajo… to la vida. En Haití tenia cafetal. Cuando llegue a Cuba colta caña, limpia caña, chapea plotelo… si yo viví de otla manela, a esta hola estalía más nuevo. Tlabajo me tiene mata´o…”.

El 15 de agosto de 1926, cuando apenas había cumplido un cuarto de siglo, llega a la que más tarde aceptaría como su segunda patria: Cuba.

Primero conoce a Camagüey. Durante 34 años los llanos del centro le ven ir y venir en una estatura que no rebasaba el metro y medio. “Nunca quise ilme. Cuatlo veces vino plimo mío a buscalme y yo decí: no, yo quedo aquí”.

Parte de un grupo de inmigrantes, Chiquito Fiss no podía escapar del destino aquel de vivir para no morir de hambre. Y cuando la inactividad azotaba los campos de caña buscaba refugio en Oriente.

“¿Ante de venil? Tlabaje de cocinelo en una fonda –dice al evocar su llegada a la Sierra Maestra-. Si ello no pagan balato yo no vení pa´acá. Mimo año que tliunfa la levolución yo decí: si yo encuentlo un buen viento que sopla bien yo no vuelve a viví allá (Camagüey). Y aquí estoy hace 39 años.”

En los dientes la mañana y la noche en el pellejo (…) (N.Guillén)

Limones, Buey Arriba lo acogió. Allí junto a otros haitianos pretendió volver a sus raíces. El batey insistía en ser la oportunidad donde viejos y “pichones” cultivarán ritos, creencias y tradiciones.

Lamentable, muy lamentable: de su cultura bien poco trasciende. “Nosotlo celeblamos bembé, fieta, comida pa´lo santo el 24 de diciemble…” Allá dejó casi todo: el vodú, los zombies, los dioses. Aquí se mezcló con el criollo y supo alimentar el tronco común que nos identifica.

Pitti, y sus santos ¿Cuáles son?

“Leligión mía son natulal. Yo soy católico. Santo me pide comida y yo decí ¡no, ve a haití a buscal comida! Y ello tlatal de matalme. Entonce yo decí: si me deja pala´o yo hace comida, y a los 90 día me deja pala´o  y hasta el día de hoy viví tlanquilo…”

¿Y por qué ha durado tanto?

“Ahhh…. polque yo cuida. Gallo fino bien cuida´o gana pelea siempre.

Todo el mundo lo quiere aquí ¿por qué?

“Yo sabe viví. Si tu no siemblas no puedes lecogel. Cuando la puelta está abierta yo cansa de contestal a la gente: glande, chiquito… Buey Aliba es mío. No podel molil ni cinco minuto polque la gente lo sabe…”

“No es el tiempo lo que hace edad, sino las tribulaciones de la existencia (…)”        (J.Roumain)

De tanto buscar casi ni había notado que estabas ahí, en todas partes: inmenso en tu pequeñez. Con Haitíí colgado del recuerdo y la virtud de ser uno de los últimos haitianos que sube y baja las lomas  de Buey Arriba.

El único que sigue aferrado a las huellas de su batey evitando volver a arrancarse un pedazo del cuerpo. Esta ahí repitiendo, desde hace mucho tiempo: “cinco día, me quedan cinco día, pa´que la muelte venga a buscalme”.

Manuel Chiquito Fiss (Pitti)

Nota: Este trabajo fue realizado junto al periodista Luis Morales Blanco y publicado en el año 2000. Manuel Chiquito Fiss  murió en el 2003, en el Hogar de ancianos Lidia Doce, de Bayamo, a la edad de 105 años.

Anuncios

2 Respuestas a “Inmenso en tu pequeñez

  1. Ibrahin y Luis :
    Hermoso trabajo,felicitaciones .

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s