Los nuevos derroteros del fútbol cubano

Para nada son alentadores los nuevos derroteros del Campeonato Nacional de Fútbol (CNF), de Cuba; el evento deportivo más longevo de la Isla y uno de los más añejos de su tipo en todo el continente americano, creado en 1912 y con 95 ediciones a cuestas.

No creo que después de la tajante decisión de “partirlo en dos” a alguien le queden argumentos para pensar que este torneo –constantemente apaleado por disímiles adversidades- pueda enrumbar hacia un punto más elevado que el que tuvo hasta hoy. De esta forma la edición 96 del CNF se jugará con 15 equipos, en dos divisiones, con repechajes para el séptimo y octavo de la primera (sin jugar), frente a los dos primeros de la segunda, después de disputar 14 partidos.

Para más de la mitad de los criollos el CNF desaparece como espectáculo deportivo; ese que se sigue casi por idiosincrasia en puntos bien específicos de la Isla, pero que no deja de ser relevante para una cifra elevada de cubanos. Me refiero, también, al evento competitivo que sirve de referencia para masificar la disciplina y que como instancia suprema constituye la base de selecciones nacionales.

Veo muy mal este paso y no soy ajeno a la crisis económica que atraviesa Cuba; pero ningún proyecto que sea modificado por tales incidencias puede llegar a ser superior a lo que era, insisto; aun más, está condenado a perder poco a poco toda relevancia.

Discrepo de aquellos que ven con beneplácito la creación de una primera división, con ocho conjuntos, y un torneo de ascenso (siete), pues toman como referencia las Ligas foráneas. Falso ilusionismo. Bien sabemos que nuestro fútbol no tiene nada que ver con lo que se hace en otras partes del mundo. Sin comentarios.

Tampoco estoy muy seguro de que la “concentración” de los primeros –no necesariamente los mejores ni los de mayor tradición- en una primera división asegure más competitividad y favorezca el tan imprescindible y aclamado “mayor nivel”. No; porque en nuestro fútbol –salvo el once de Villa Clara- los demás fluctúan de un lugar a otro de forma imprevisible.

El fútbol en Cuba no es el caso del béisbol, que tiene un torneo elite de 90 juegos, con una serie de play off, y que –dada la indiscutible cantidad de atletas- necesita después de este otro programa, para elevar el techo.

El fútbol, al que no se le destinan los mismos recursos que a la pelota, necesita de masificación… necesita juego, mucho juego, para que se desarrolle la base y surjan atletas, para que –al igual que nuestro pasatiempo nacional- crezca ese “semillero” del que puedan elegirse a los mejores, solo entonces podrían concentrarse los equipos y crear dos Ligas.

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